tanto los programas como las instituciones educativas se plantean como realidades cuyo sentido no es otro que el logro de determinadas metas, seleccionadas por su importancia y valor, mediante actuaciones intencionales sistemáticamente desarrolladas por sus respectivos responsables.
En la evaluación de la calidad de la institución de educación superior, generalmente se combinan diversos procedimientos y acercamientos metodológicos. Cualquier referencia a modelos debe tener como telón de fondo a los programas académicos y a la misma institución, dos realidades conceptualmente muy diferentes pero, en el fondo, funcionalmente cercanas: tanto los programas como las instituciones educativas se plantean como realidades cuyo sentido no es otro que el logro de determinadas metas, seleccionadas por su importancia y valor, mediante actuaciones intencionales sistemáticamente desarrolladas por sus respectivos responsables.
Se presenta un acercamiento a los modelos de evaluación que se lo puede realizar desde las distintas perspectivas teóricas, tomando como punto de partida los enfoques conceptuales sobre las organizaciones y considerando a las instituciones educativas como tales. De Miguel (1989) sugiere la existencia de cinco grandes bloques de agrupamiento de los modelos de evaluación de instituciones educativas. Estos cinco bloques son los siguientes:
- Los que enfatizan los resultados (outputs).
- Los que enfatizan los procesos internos a la propia organización.
- Los que postulan criterios mixtos o integradores.
- Los que se centran sobre los aspectos culturales de la organización.
- Los que intentan evaluar la capacidad de la propia organización para autotransformarse (evaluación para cambiar).
García Ramos (1989), partiendo del propio análisis de De Miguel, extiende a ocho los bloques de agrupamiento de los modelos según el tipo de criterio de evaluación utilizado, esto es, según se ponga el énfasis en:
- Los resultados (outputs).
- La relación entradas-salidas (inputs-outputs).
- Los procesos internos de la propia organización.
- Los aspectos técnicos de la organización.
- Los aspectos culturales de la organización.
- La capacidad de la propia organización para autotransformarse.
- La relación organización-factores humanos.
- Los criterios integradores.
Más recientemente, De Miguel y otros (1994) reducen todo a dos grandes bloques, los que enfatizan los resultados y los que enfatizan los procesos internos, y aunque dicen que este agrupamiento puede resultar algo reduccionista, resulta útil, sobre todo ante la dicotomía de planteamientos de orientación sumativa y formativa, y para captar las diferencias entre la investigación centrada en la eficacia escolar y la centrada en su mejora (Clark y otros, 1984; Wimpelberg y otros, 1989).
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